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Análisis Pixel Ripped 1995

Un videojuego que nos trasladará a las tardes de nuestra infancia

Estar sentado un domingo en pijama en el salón de tu casa, mando en mano, jugando en una tele de tubo cuyo sonido apaga paulatinamente la aburrida conversación de tus padres, dejando paso Donkey Kong, Rayman, Earthworm Jim o Batman. Es el año 1995, y si estas palabras han evocado en tu paladar un ligero sabor a pan con chocolate, Píxel Ripped 1995 te va a encantar.

Se trata de un juego desarrollado por Arvore Immersive Experiences para Steam, Oculus Rift, Oculus Quest, Viveport y PlayStation VR. Es una secuela directa de Pixel Ripped 1989 que, como adivinaréis, se sitúa en una época pretérita, una con menos píxeles.

Pixel Ripped 1995

En la anterior aventura vimos como la heroína retro Dot vencía al Cyblin Lord, un pérfido villano capaz de traspasar la dimensión de los videojuegos y cuyo objetivo, como no podía ser de otra manera, es el fusionar el mundo de la pantalla con el real, haciéndose con el poder absoluto.

Sin embargo, este malvado ente regresa en 1995, donde los 16 y hasta los 32 bits están a la orden del día, con un paso lento pero seguro hacia los videojuegos en 3D en toda su poligonal gloria. Será trabajo de Dot y su nuevo jugador, David, el acabar con los planes del Cyblin Lord mientras el joven lidia con los típicos problemas de tener 9 años en los noventa.

Pixel Ripped 1995 es un juego en el que juegas a jugar. Suena rimbombante, pero el meta juego es la atracción principal del título. Como jugadores controlaremos a David mientras intenta acabar la partida en el salón de su casa con Dot como protagonista. Sin embargo, no será tan sencillo como parece, puesto que su madre apagará la consola para que salga a jugar a la calle “con el buen día que hace” o debido a que ha oído que “las ondas de las maquinitas controlan a los niños”. David, armado con una pistola de ventosas, deberá contraatacar tirando el bote de las galletas, encendiendo la minicadena o desperdigando los adornos navideños.

Pixel Ripped 1995

Completar el videojuego será el principal objetivo de David y Dot, pero habrá que salvar los constantes obstáculos de la vida real de la mejor manera posible. Desde evitar ser escuchado jugando a horas intempestivas a esquivar a molestos niños en el arcade local.

Pero eso no es todo. En ocasiones, el mundo virtual se mezclará con el real, exponiendo a David a los peligros digitales. Los enemigos del videojuego saldrán a incordiar y los bits sustituirán la dimensión de David. En ese momento, el joven deberá ayudar a Dot usando objetos del mundo real como su pistola de dardos o lo que su padre haya comprado en el supermercado.

En esos momentos habrá que alternar entre agarrar el mando para controlar a Dot o agarrar los objetos del escenario para entorpecer al enemigo, dando lugar a divertidos momentos de tensión. En la versión de PlayStation VR en la que se basa este análisis, el control radica en el DualShock 4, lo que lleva a momentos de imprecisión donde el personaje no agarra bien los objetos y puede llegar a frustrar.

Pixel Ripped 1995

Cada fase plantea una fórmula distinta y guarda referencias a los juegos de la época. Desde beat em’ up a carreras pasando por plataformas, metroidvania o, más avanzados en el juego, plataformas 3D. El estilo visual de cada juego es distinto, así como su sprites, que mostrarán de distintas formas a nuestra heroína.

Los niveles no son especialmente sencillos y exigirán una gran concentración por parte del jugador, queriendo emular la dificultad clásica de los juegos retro. El sistema de vida funciona como el de Sonic, recogiendo pequeños píxeles que perderemos de golpe al ser golpeados, aunque con la posibilidad de recoger algunos antes de que desaparezcan.

Esta función es bastante tediosa debido a lo mal que suele funcionar. Al ser la misma en cada juego, en algunas ocasiones se implementa mejor que en otras. Es habitual tratar de recuperar los píxeles perdidos y que el juego no registre su recogida al pasar por encima. Esto se suma a la imprecisión de algunas plataformas, que provocarán más de una caída injusta.

Pixel Ripped 1995

El juego está lleno de easter eggs de títulos como Donkey Kong Country, Sonic The Hedgehog, Streets of Rage, Doom, Metroid o Castlevania. Detalles que, de seguro, sacarán una sonrisa a los que ya somos veteranos en este campo.

Pixel Ripped 1995 consigue sorprender con cada fase, retorciendo sus mecánicas y construyendo una increíble relación entre el mundo virtual y el real, donde uno se alimenta del otro y viceversa. Los personajes son entrañables y la trama, a pesar de ser sencilla y algo predecible, es tierna y divertida.

Se trata de un videojuego especialmente inmersivo debido a que el jugador se concentra en la pequeña pantalla que tiene delante y olvida que está jugando al juego dentro de un mundo virtual. Gracias a ello se producen sobresaltos y una sensación perfecta de pertenecer al mundo diegético.

Pixel Ripped 1995

Gráficamente es un título que cumple a la perfección. Guarda un gran cariño por los videojuegos retro y se intuye un gran trabajo de investigación detrás de cada mundo. Desde los sprites a las animaciones, pasando por los fondos y los efectos.

El videojuego muestra lo mejor de sí mismo al mezclar el mundo real con el de los videojuegos, llenando el salón de agua cuando Dot se ahoga o encerrando a David en su habitación con una puerta del castillo de Drácula.

En el terreno sonoro se trata de un título que se basa en las composiciones clásicas de los videojuegos. Son canciones entretenidas y funcionan a la perfección de fondo, pero son muy olvidables y, en ocasiones, demasiado repetitivas.

Los efectos de sonido guardan una gran calidad. También se basan en clásicos de los videojuegos y cambian en función del mundo. El doblaje es perfecto, y las voces plasman a la perfección la personalidad de cada personaje.

Pixel Ripped 1995

Conclusión

Pixel Ripped 1995 es un auténtico homenaje a la nostalgia. Un regalo para la generación Nintendo, que se verá trasladada a tiempos más sencillos donde se era feliz con muy poquito. Estar jugando en tu salón mientras tu madre habla a gritos por teléfono o tu padre te pide que le ayudes a meter la compra, tener un pijama con estampados de tus juegos favoritos o aquella alfombra que era una pequeña ciudad llena de asfalto… El juego está lleno de pequeños guiños a la infancia de muchos de nosotros y, por supuesto, a toda la cultura de los 90. Volverás a vivir los arcades y los videoclubs, locales imposibles de visitar a día de hoy.

Tiene la duración perfecta para pasar en una tarde y a un precio razonable de 19,99 euros. Si creciste en los 80/90, es el juego perfecto para ti. Si no, se trata de una estupenda excusa para explorar el mundo gamer de antes y conocer cómo disfrutábamos de un hobby que apenas estaba comenzando. Ahora estamos jugando en realidad virtual. Cómo cambia todo…

4
Gráficos
4.5
Mecánicas
3
Controles
3.5
Audio
4.5
¿Es divertido?
Valoración 3.9 / 5
en resumen ...
Un gran juego con mecánicas sorprendentes para descubrir la cultura gamer de los 90
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